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lunes, 29 de abril de 2013

Alimentación preescolar y escolar

La alimentación influye de forma clara en el estado de salud de un individuo. Es preciso fomentar desde la infancia una alimentación equilibrada y fomentar unos hábitos dietéticos saludables que contribuyan al buen desarrollo físico, psíquico y social del niño y evitar la aparición de enfermedades en la edad adulta y también para adquirir normas de socialización. 

Cuando el niño cumple los 2-3 años su dieta es parecida a la del resto de la familia. El niño se incorpora e integra de forma progresiva a la alimentación y dinámica familiar. Algunos niños pueden tener inicialmente problemas para masticar y deglutir los alimentos o para comer o beber solos. En este periodo se produce una desaceleración del crecimiento respecto al primer año de vida y la adolescencia.

En esta etapa hay diferencias individuales en el aporte energético y de nutrientes, los niños tienen una ingesta irregular y alternan comida de alto y bajo nivel calórico con un mecanismo compensatorio que permite ajustar el equilibrio final diario. En esta etapa algunos niños tienen desequilibrios nutricionales; en general hay poco interés por los alimentos y baja ingesta en la etapa preescolar (3-6 años), en cambio en la etapa escolar (entre 6 años y la pubertad) el crecimiento es estable y aumentan la ingesta pero también el ejercicio físico. En general un niño sano determina por si mismo la cantidad de comida que necesita.

La dieta deber ser variada y equilibrada en nutrientes y debe respetar la pirámide nutricional que está constituida en la base por los alimentos básicos de consumo diario (pan, cereales, arroz, frutas, verduras, lácteos y carne) y en la parte superior los alimentos que se deben consumir de forma ocasional como grasas y azúcares refinados.
Pirámide alimentaria

Se debe estimular el consumo de agua frente a refrescos y zumos no naturales; tomar al día 6 raciones de cereales, arroz, pasta y/o pan; 3 raciones de verduras; 2 de frutas; 2 de lácteos y 2 de carne, pescado, huevos, legumbre o frutos secos. En los niños de 2-3 años las raciones serán más pequeñas (dos tercios de la ración) excepto del grupo de lácteos que deben ser completas (unos 500cc de leche). Aunque un excesivo aporte de leche y derivados puede hacer que baje la ingesta de otros alimentos también importantes. 

Los cereales deberían ser el principal aporte energético y de fibra. Se debe fomentar el consumo de pescado azul y el uso diario de aceite de oliva y limitar la utilización de mantequillas y margarinas, así como cocinar con poca sal
Debe limitarse el consumo de calorías vacías como caramelos y dulces, carnes grasas, embutidos, bollería industrial y comidas rápidas. 

Actualmente muchos niños escolarizados realizan alguna de las comidas en el colegio y luego se debe complementar la alimentación en casa de forma variada. Es conveniente consultar su menú diario para que la cena sea complementaria con la comida. El desayuno debería suponer el 25% de la comida diaria.

No se debe preguntar al niño que quiere comer, ni obligar, premiar o castigar con la comida ya que se reforzaría la conducta negativa. Suele ser normal un desinterés por la comida y menor apetito y a la vez un aumento de la ingesta de algunos alimentos en detrimento de otros pero a esta edad no suele haber un aumento calórico, se suele compensar. Si no quiere comer, retírele el plato, no suele ser útil un tiempo de más de media hora para cada comida y si ha terminado de comer no se le mantendrá demasiado tiempo en la mesa. No se le debe regañar ni gritar ni hablar de su inapetencia. No se deben ofrecer alternativas. No es conveniente picar entre horas.

Hay que presentar los alimentos bien preparados, condimentados, variados y atractivos para los niños.

Hay que individualizar la dieta teniendo en cuenta las preferencias y aversiones del niño igual que su grado de autonomía, teniendo en cuenta los requerimientos nutricionales que precisa. El niño que mantiene un peso y talla adecuado a su edad no hay que forzarle a comer cuando no tenga apetito. La ansiedad y angustia de los padres suele ser una de las causas más habituales de pérdida de apetito en los niños. También hay niños "malos comedores", suelen ser niños nerviosos y emotivos, cuyos padres también tuvieron el mismo problema en la infancia. No suelen comer con los padres pero si con otras personas de su entorno como su abuela. Es preferible la compañía de niños durante la comida.

Se debe evitar el sedentarismo en muchas ocasiones relacionados con el uso de videojuegos, ordenadores y la televisión y fomentar el ejercicio físico y la práctica de actividades al aire libre que además le ayudará en sus relaciones personales.


Actualizado el 29 de Abril de 2013

Todo el contenido de esta página web es puramente informativo. Siempre que tenga alguna duda debe consultar su caso con un profesional sanitario.

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